La farsa electoral: Una problemática que asecha a la mujer popular.
- frentemanuelaleon
- 7 abr 2021
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“El proletariado no puede lograr la victoria completa sin conquistar la plena libertad para la mujer”.
Lenin
La situación de la mujer en el Ecuador atraviesa momentos complejos frente a la agudización de la crisis capitalista y las medidas establecidas por la pandemia de COVID-19. El Estado ha tomado como excusa lo anterior para pisotear, como era de esperarse, los derechos y las garantías de los trabajadores, siendo las mujeres la parte de la sociedad más golpeada. Son los puestos de trabajo feminizado, principalmente de cuidados y atención, de los que se ha prescindido más fácilmente entre 2020-2021. Las mujeres hoy en día tenemos una tasa de desempleo del 8% frente al 5,7% de los hombres.
Las mujeres trabajadoras engrasamos con nuestra sangre y sudor la maquinaria del capital, siendo doblemente oprimidas: por el capitalismo y el patriarcado, tanto en la esfera pública como en la privada. En la familia él es el burgués, la mujer representa al proletario. El capitalismo ha cargado sobre los hombros de la mujer trabajadora un peso que la aplasta; la ha convertido en obrera, sin aliviarla de sus cuidados de ama de casa y madre. Quienes niegan la lucha de clases considerándola obsoleta, defendiendo a capa y espada la propiedad privada sobre los medios de producción, no ven en la doble opresión de la mujer la causa de su desigualdad, pues plantean que esta radica en la división sexual del trabajo. Esto es muestra de la deriva ideológica y política en la que se encuentra el movimiento de vanguardia del proletariado mundial; la ideología burguesa contamina por todos los frentes, imponiendo una visión que perpetúa la explotación y la opresión de las mujeres proletarias.
No existen las mujeres en general, existen las mujeres explotadoras y explotadas. Esto es algo que las revolucionarias deben recalcar y defender. El movimiento femenino popular no se debe sostener en el género, si no en la clase, nuestro objetivo debe ser, ahora y siempre, eliminar toda causa de la explotación y la opresión hacia las mujeres: la sociedad de clases. Es este nuestro compromiso y reto para construir el verdadero movimiento femenino que lleve a la emancipación de las mujeres proletarias.
Debemos entender que tanto para los imperialistas como para el reformismo, la desigualdad de la mujer podrá ser reducida, pero nunca eliminada, mediante acuerdos institucionales y reformas a la ley, otorgando así la igualdad jurídica y discriminación positiva para el “empoderamiento femenino”, que no es más que la estrategia del capitalismo imperialista para dar paliativos a los problemas de las mujeres. Sin embargo, estas no son más que tretas para apaciguar a las mujeres trabajadoras y desviarlas de lo que realmente las llevará a la emancipación.
Reclamar al Estado prebendas y reformas es ofrecer en bandeja de plata nuestras luchas históricas. Sin embargo, esto nos puede beneficiar: las negativas del Estado burgués hacen tomar conciencia del lugar que ocupamos y cuál es nuestro objetivo. Las mujeres trabajadoras debemos buscar romper con las cadenas que nos oprimen y explotan, no simplemente aflojarlas. Las reformas no acabaran con nuestra condición de doble explotación, ¡el único camino es la revolución que rompa con el estado actual de las cosas!
Como mujeres populares entendemos que, al igual que nuestros pares, somos relegadas a segundo plano siendo, especialmente, los problemas de la mujer usados vilmente para los oscuros fines de la promoción política y el activismo. Observamos como el activismo hegemónico por el derecho al aborto manipula y utiliza una reivindicación importante, cayendo en discursos reaccionarios y neomaltusianos, centrando toda la lucha de las mujeres en la despenalización del aborto. Así, se puede llegar a pensar que todos los problemas femeninos se solucionaran con la interrupción del embarazo no deseado. El activismo pro-aborto plantea una serie de premisas que son humillantes para las mujeres de la clase obrera, haciendo análisis económicos y sociales en los que dejan en mal lugar a las mujeres de clase obrera. Pero que no se entienda mal, estamos a favor del aborto, citando a Lenin:
“… Naturalmente, esto no nos impide en modo alguno exigir la abolición absoluta de todas las leyes que castigan el aborto… Semejantes leyes no indican sino la hipocresía de las clases dominantes. Estas leyes no curan las dolencias del capitalismo, sino que las hacen ser particularmente malignas y maliciosas para las masas oprimidas” (1).
De esta manera no centramos nuestra lucha en la despenalización del aborto, ni creemos que esto será el fin de la opresión y explotación de la mujer trabajadora. La opresión de las mujeres ecuatorianas tiene como causas claras el capitalismo dependiente, la dominación imperialista y el poder ejercido por la burguesía compradora, y, por lo tanto, solo la lucha socialista revolucionaria puede emanciparlas de su actual condición.
Como revolucionarias no podemos ceder ante los tópicos que se imponen desde los colectivos hegemónicos en defensa de los derechos de la mujer, no podemos ceder ante quienes quieren desviar la lucha por la emancipación sustituyéndola por electorerismo, reformas, paliativos y reaccionarias luchas de sexos. No podemos ser ingenuas y aceptar la pauta que marcan los colectivos hegemónicos femeninos, pues estos representan los interese del capital, están enquistados en puestos de poder siendo grupos mayoritarios que buscan imponer su agenda. No es casualidad que, en la campaña electoral en curso, los candidatos se hayan hecho eco de los tópicos y lugares comunes que predica el activismo hegemónico por los derechos de la mujer.
Hemos escuchado a politiqueros baratos y conservadores hablar de equidad, lucha contra la violencia e igualdad salarial; los más progresistas se atreven a incursionar en el tema de la legalización del aborto. Todos mareando con palabras huecas a las mujeres que sufren día a día la violencia del capitalismo y los rezagos del patriarcado todavía vigente en la sociedad.
Las mujeres revolucionarias debemos tomar las riendas de las cuestiones femeninas y debatir activamente desde el marxismo-leninismo todos los problemas que nos afectan, dejando aún lado los planteamientos reformistas y pequeños burgueses. Esta es una tarea que nos corresponde a nosotras siempre bajo la línea correcta. Solo la verdadera construcción de un movimiento femenino popular, revolucionario y con conciencia de clase nos llevará a romper con la explotación y opresión.
¡ENARBOLAR Y DEFENDER LA BANDERA DE EMANCIPACIÓN!
¡LAS MUJERES POPULARES BOICOTEAMOS LA FARSA ELECTORAL!
¡BASTA DE INSTRUMENTALIZAR NUESTRA LUCHA CON FINES ELECTOREROS!
¡POR LA CONSTRUCCIÓN DEL MOVIMIENTO FEMENINO POPULAR EN EL CAMPO Y LA CIUDAD!
LENIN. La clase obrera y el neomaltusianismo. La emancipación de la mujer. Selección de artículos. Ed. Grijalbo. Pag. 23.



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