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¿Feminismo en una organización marxista-leninista?

  • Paula
  • 11 dic 2020
  • 5 Min. de lectura

Actualizado: 11 dic 2020

Se puede decir que el feminismo occidental nace como tal a inicios de la revolución francesa (siglo XVIII), en la cual mujeres pudientes se organizaban para demandar que la consigna igualdad, libertad y fraternidad fuera para ambos géneros. El nuevo régimen, colocando como clase dominante a la burguesía, sumado al inicio de la democracia generó que las mujeres de clase media-alta reclamen el derecho al voto y se hagan llamar sufragistas. Cabe recalcar que esta lucha la realizaron mujeres pertenecientes a la pequeña burguesía o a la burguesía como tal y que duró desde el siglo XIX hasta mediados del XX; sin embargo, es necesario reconocer la importancia de dichos procesos. Como dice Mariátegui: “el feminismo, como idea pura, es esencialmente revolucionario”, para la época este era una idea revolucionaria, como lo fue en su momento la revolución francesa. La hegemonía del feminismo era encabezada por mujeres que pedían reformas al sistema liberal. Esto cambia desde los años 70 del siglo pasado, ya que se analiza que hay un sinnúmero de realidades y se plantean diferentes posturas y estudios con respecto a la mujer, muchos de ellos con perspectiva de clase inspiradas en los escritos de Marx y Engels, con un enfoque revolucionario y alejado del reformismo, aunque en muchos casos se mantuvieron posturas burguesas y pequeño-burguesas. Es importante recalcar, como se mencionó al principio del escrito, que esta es una recopilación de la historia del feminismo occidental entendiendo que la lucha por la emancipación de la mujer es un hecho histórico que tiene sus múltiples particularidades dependiendo el contexto y región.


En 1917, con la revolución de octubre en la Rusia zarista y con la toma del poder por parte de lxs soviets, se generan varios cambios nunca antes vistos a favor de la mujer y su liberación: la legalización y gratuidad del aborto, las vacaciones pagadas por maternidad y centros de cuidado infantil son algunos de los cambios sistemáticos a favor de la emancipación del género femenino. En general, en Rusia y en las organizaciones comunistas de otros países de la época, las compañeras no apostaban por un feminismo ya que criticaban sus posturas reformistas y pequeño-burguesas. Lo cual, bajo un análisis histórico es cierto, ya que los movimientos feministas de la época no le daban importancia al factor de clase y, aunque en un principio fue una postura revolucionaria, en ese tiempo de la historia se atascó en un enfoque alejado de la clase obrera.


Ahora bien, antes de seguir con el análisis es necesario plantearnos los conceptos de organización feminista y organización femenina. Aunque las definiciones pueden variar, para el presente escrito nos basaremos en las siguiente: el primero se puede definir como una organización de mujeres que pretenden a toda costa lograr la igualdad de derechos sociales, civiles, laborales e individuales entre los sexos -ahora podría decirse, entre los géneros- y, por otro lado, la lucha femenina es un concepto que está ligado con un grupo de mujeres organizadas para conseguir bienes y servicios que no sólo les servirán a ellas, sino que favorecen o involucran a la sociedad en su conjunto, sea ésta una comunidad, un barrio, una colonia, un país, etcétera. Con base en estos conceptos es necesario mencionar que en una organización marxista-leninista la primera contradicción es la de clase, o sea proletariado contra burguesía, en lo cual las organizaciones femeninas dentro de un partido y movimiento luchan para la construcción del socialismo. Pero cabe preguntarse ¿Dónde queda la lucha por la equidad entre géneros (no solo en el binarismo hombre-mujer, sino en todas las diferentes expresiones e identidades de género) y la abolición del patriarcado?


Dentro del marxismo la lucha por la emancipación de la mujer es parte de la revolución. Al ser el marxismo una ideología científica puede analizar cualquier lucha y fenómeno social como el ecologismo, la psicología, la lucha indígena o afro; y la lucha por la emancipación de la mujer y de todo el proletariado de la alienación patriarcal no es la excepción. Una de las propuestas dentro de los movimientos y partidos comunistas es el feminismo marxista (proletario), que plantea que la organización revolucionaria comunista sea atravesada por un feminismo con un enfoque marxista. De esta manera se pondría como uno de los objetivos de todxs lxs militantes la lucha de la emancipación de la mujer, que históricamente ha estado y está doblemente oprimida (en algunos casos la opresión ha sido y es multifactorial), y la destrucción del patriarcado. Así lo postula el Partido Comunista del Perú que en el año 1975 proponía feminismo, politización de la mujer y organización de las mujeres, además del estudio y consecuente aplicación de las tesis que sobre las mismas ha sentado Mariátegui, pues sólo así se podrá desarrollar un auténtico movimiento femenino popular.


Sin embargo, el feminismo marxista ha sido criticado por revisionista, olvidándose que la revolución no es calco ni copia sino creación histórica y aunque los grandes teóricos marxistas-leninistas no lo platearon (lo cual tiene que ver mucho por el momento histórico) no significa que lxs militantes no puedan analizarlo como una forma de lucha. Si se mantuvieran estáticos los saberes que produjeron Marx, Engels o Lenin muchas luchas quedarían a un lado como la de la disidencia sexo-genérica, la lucha por el agua o por el cambio climático, etc. De igual manera, se acusa al feminismo marxista de posturas pequeño-burguesas, lo cual es un pensamiento mecanicista. Aunque se reconoce que en su nacimiento el feminismo (occidental) ha sido creado y construido por mujeres no proletarias, ha mutado en muchas formas. Otro ejemplo de esto lo encontramos en la psicología que aunque en sus inicios no tuvo nada que ver con la lucha política, fue posteriormente analizada por compañerxs que crearon una psicología marxista, como Vygotsky en la URSS. Asimismo, hay que tomar en cuenta que la historia también nos demuestra que no es necesario que un partido comunista sea atravesado por la palabra feminista, como en la URSS donde el partido no estaba ligado con ningún feminismo y, como lo vimos anteriormente, cuando estuvo en el poder creó una revolución cultural y material entorno a la realidad de la obrera.


Después de estas reflexiones, el debate principal que debe existir en las organizaciones marxistas-leninistas no es tanto la apropiación de la palabra feminismo, sino, la consciencia revolucionaria de lxs compañerxs que militan dentro del organismo. Por lo cual, es necesario cuestionarnos que tan seguro es el espacio dentro de las organizaciones para las y les compañeras y compañeres. Si aún existen conductas patriarcales visibilizadas en actitudes homófobas, transfóbicas, micromachismos, sexismos, encubrimiento de violencia de género por parte de lxs cuadrxs y dirigencia, es imposible querer plantear y concebir a dicha organización como revolucionaria, que busca la liberación del pueblo, y mucho menos querer denominarlas como feminista o que está a favor de la emancipación de la mujer y las disidencias. En este caso, solo se estaría repitiendo el sistema capitalista-patriarcal, al cual lxs mismos compañerxs que tienen estas conductas expresan su odio abiertamente. Es así que se convierte en una posición muy hipócrita el concebirse como “comunistas”, ya que, en si mismxs y en la propia organización persiste y resiste el sistema al que tanto promulgan su aberración.


No hay que olvidar que, para construir una nueva sociedad, primero hay que establecer un humano nuevo en cada unx de lxs militantes de las organizaciones marxistas-leninistas, eliminando de nosotrxs mismxs todo rastro de alienación que generó el sistema capitalista-patriarcal-heteronormado y cuyo proceso solo se puede generar practicando la teoría marxista-leninista y en el estudio de todos los saberes humanos. Esto quiere decir que la formación en teorías de género y el trabajo con mujeres y disidencias sexo-genéricas que forman parte del proletariado y campesinado es esencial para la transformación individual de cada militante. Esta es la única forma de poder desmantelar toda práctica hetero-patriarcal dentro de las organizaciones revolucionarias y solo después de lograrlo podríamos hablar sobre que posicionamiento ideológico es el idóneo en la lucha por la emancipación del género femenino y las disidencias.

 
 
 

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