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El hombre en la lucha femenina

  • Camilo
  • 6 nov 2020
  • 4 Min. de lectura

En todo tiempo y espacio en donde el sistema regente y sus herederos vean en la figura de la mujer la destinataria de su ejercicio opresor, así como la reproducción de la ideología patriarcal como ideología normativa de la vida cotidiana de la comunidad, cabe el espacio y la necesidad del establecimiento de espacios para la lucha femenina. Una lucha orientada a exigir el cumplimiento de los derechos de la mujer, a su reposicionamiento dentro del discurso social comunitario, a la consecución de la verdadera vida libre e igualitaria que en algún momento le fue prometida y que históricamente ha buscado sin parar. Frente al panorama y la tendencia de inminente organización y lucha por parte de la mujer, el hombre, si es consciente de ser también parte de un sistema corrupto y opresor, no puede limitarse al mero rol de observador externo de la lucha en mención, sino que debe de ser partícipe, no protagonista, dentro de la misma. Ha de saber estar, con un papel activo que acompañe el protagonismo evidente de la mujer en su lucha, la cual por su naturaleza, también lo incluye.

El hombre inmiscuido en la lucha femenina, ha de reconocer el protagonismo de la mujer en dicho proceso, pues a lo largo de su historia ha demostrado su capacidad de organización y su valentía en el frente, en gran número de ocasiones luchando a la par del hombre por la consecución y la construcción de una sociedad libre, justa y equitativael no reconocer su necesario protagonismo y rol central, sería, además de una incoherencia, un retorno y caída en la tradicional ideología patriarcal que resta valor, en todo el sentido de la palabra, a la figura de la mujer. La lucha femenina exige del hombre, no la aparente dirección de las masas y las demandas, sino que demanda de él su capacidad de liberarse a sí mismo del sesgo ideológico que le ha impuesto inconscientemente la tradición de una vida cotidiana llena de elementos machistas y patriarcales. Esta liberación ha de pasar por un constante proceso de crítica y autocrítica de las condiciones materiales de su medio y de su propia vida, lo cual a su vez lo lleve a tener la capacidad de brindar un verdadero acompañamiento y soporte a la causa de la lucha femenina, entendiendo que el hombre y la mujer, si bien son biológicamente diferentes, históricamente han compartido su lucha frente a la instancia que ha pretendido dividirlos: el sistema capitalista.

El rol del hombre en la lucha femenina, es un rol que le compromete a su vez con su carácter revolucionario, con la necesidad de educar y auto educarse constantemente de una manera crítica, tomando como objeto la lucha por la vida en igualdad de derechos y oportunidades. Se deben considerar los discursos tradicionales que pretenden imponer un género por encima del otro, así como también hace con las identidades sexuales, las prácticas de diversa índole, las formas de producción, la inserción de hombres y mujeres en el ámbito educativo y laboral, etc. En donde el sistema encuentre en la mujer el objeto de su opresión, en donde no exista garantía de una igualdad de derechos y deberes entre el hombre y la mujer, en donde no se espere de la mujer más que la sumisión y la obediencia, es ahí en donde se dará el constante surgimiento de la lucha de la mujer valiente, de la mujer hacedora de vida, quien no efectuará su lucha en soledad, sino acompañada del hombre, consciente de las condiciones que rodean la lucha femenina y que encuentre en la crítica y la denuncia los pilares que sostengan su presencia constante en dicho proceso, aportando de sí lo más puro y puntual: la verdadera compañía, el entendimiento de las necesidades de la mujer, así como de sus históricas luchas y consecuciones; y el deseo y vocación que le lleve a contribuir en la construcción e inserción de la idea de liberación de la mujer en los diversos contextos que la han oprimido.

En donde el caduco sistema vea en la mujer la sumisión, la incapacidad, la debilidad, etc. La lucha femenina, en la cual el hombre debe tomar partido, verá en ella el resultado de su histórica lucha y de su capacidad de dirigir su propia causa y de estructuras de diversa índole. Contemplará una mujer capaz de soñar, pero más importante aún, contemplará una mujer capaz de realizar aquellas acciones que en algún determinado punto de la historia le fueron negadas por el hecho de ser mujer. Donde brille el albor de la lucha femenina, estarán nuevamente juntas y organizadas las mujeres en pos de la defensa de sus derechos, acompañadas y apoyadas siempre por la figura de hombres conscientes que reconozcan que sólo así es posible desarrollar una verdadera lucha, a la par y en igualdad de derechos y deberes. Donde arda la llama siempre viva de la lucha estaremos nuevamente compañeros y compañeras, juntos, justos y solidarios con el otro, aportando desde nuestras diferencias los granos de arena que lleven a la consecución de nuestra igualdad, lamentando y aprendiendo de nuestras posibles derrotas, sabiendo que nuestro único fin y destino es el de la victoria.

La prostitución destruye la igualdad, la solidaridad y el compañerismo de las dos mitades de la clase obrera. Una relación es dañina y ajena al colectivo sólo si se da el negocio material entre sexos, sólo cuando los cálculos mundanos son un sustituto de la atracción mutua.

 
 
 

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